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Miércoles 25 de noviembre - 19 hs
Ediciones en Danza - Primeras poetas argentinas
Presentan: Javier Cófreces, Gabriela Franco y Eduardo Mileo.
Leerán poemas: Andy Nachón, Irene Gruss y Susana Villalba.
Centro Cultural MOCA
- Av. Montes de Oca 169 -

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Jueves 26 de noviembre - 20 hs
Cierre del ciclo 2009 de FEDRO POESÍA
Lectura a cargo de los poetas:

Jorge Ariel Madrazo, Claudia Masin, Ricardo Rojas Ayrala y Beatriz Vignoli
- Carlos Calvo 578 -


"Hay palabras que ciertos días no puedo pronunciar. Por ejemplo hoy, hablando por teléfono con D. -que es tartamudo- quise decirle que había estado leyendo un librito muy lindo titulado L' impossibilité d' écrire. Dije "L' impossibilitè..." y no pude seguir. Me subió una niebla, me subiò mi existencia a mi garganta, sentí vértigos, supe que mi garganata era el centro de todo y supe también que nunca más iba a poder decir "écrire". D. -bien o mal- completó la frase, lo cual me dio una pena infinita pues para ello tuvo que vencer no sé cuántas vocales a modo de escollos. Ah! Esos días en que mi lenguaje es barroco y empleo frases interminables para sugerir palabras que se niegan a ser dichas por mi! Si al menos se tratara de tartamudez. Pero no; nadie se da cuenta. Lo curioso es que cuando ello me sucede con alguien a quien quiero me inquieto tanto que redoblo mi amabilidad y mi afección. Como si debiera darle sustitutos de la palabra que no digo. Recién, por ejemplo, tuve deseos de decirle a D.: Si es verdad lo que me dice tantas veces, si es verdad que usted se muere de deseos de acostarse conmigo, venga, venga ahora mismo. Tal vez, con el lenguaje del cuerpo le hubiera dado algo equivalente a la palabra "ècrire". Ello me sucedió una vez. Una vez me acosté con un pintor italiano porque no pude decirle "amo a esta persona". En cambio, respondí a sus pedidos con una vaga serie de imágenes recargadas y ambiguas y es así como terminamos en la cama, sólo porque no pude decir la frase que pensaba. Terminé también llorando en sus brazos, acariciándolo como si lo hubiera ofendido mortalmente, y pensando, mientras lo acariciaba, que en verdad no lo compensaba mucho, que en verdad yo le quedaba debiendo."

Alejandra Pizarnik, en Diarios

"como esas piedras perfectas,
imaginarnos de viejos
sin ganas de volver"

sulky

Es la noche
de Tanabata
pero yo no sé dónde está
la orilla del río
del cielo.
Ni el cielo
lo dice.
No sé cuál es el puente
que nos une
y nos separa.
Yo no sé qué pasó,

la vida no es un lugar
seguro.
No hay ceremonias,
los amantes unidos
por un hilo de plata.
Sueño con calles
en las que estás caminando
mientras sueño,
al despertar es tarde.
Yo no sé qué hacer,
el amor es animal.
El camino terminaba
en un acantilado.
Iba un loco
en un coche policial,
feliz de andar en auto,
sentí miedo del dolor,
de la química,
de las palabras que se quiebran
de pronto.
Fuera de mí,
fuera de mi casa,
fuera de todo lo que te ofrecí
voy.
Pero vuelvo, no creas
que pedía más
que la intensidad del azul
ante el naranja.
Yo no sé qué pensar,
para qué
si no quiero entender,
si no hay razones
a veces.
No sé si creer otra vez
en signos que no sé leer
en el río del cielo.
No sé si buscar el puente,
quizá nunca lo hubo.
No sé qué decir,

acaso te convoco sin saber
adónde.
No importa,
haré una ceremonia incorrecta
mirando la luna.
Pregunto a tu parte oscura
si es cierto
que desayunamos juntos.
El tiempo pasa,
no hay aniversarios.
La vida gira bruscamente,
yo no vi la señal.
Ya no sé si es mejor
perder lo que se debe
para encontrar,
antes me dije estas cosas
pero estoy cansada.
¿No hay nada que decir?
No hay nada que hacer
para desanudar las almas que se aferran
a otras almas anudadas
a otras almas.
¿No hay parte en el amor
que guarde algún recuerdo?
de la luz
sobre la contingencia.
Acaso es un torrente
continuo
y precisamente por eso.
Ya no sé quién sos.
No pudimos despedirnos
de los muertos.
Así sin inhumar
el cuerpo de este amor
enterrará el próximo amor.
Como fui yo el cordero
bajo el mismo puñal
que habías recibido.
Ahora soy quien pregunta
al río:
el amor es un torrente
continuo
pero estamos fijos en el horror
de no permanecer.
Hasta el fuego
necesita adherencia,
sólo la noche existe
aunque nadie la mire.
Acaso el puente para dejar
en claro:
cada uno ocupa un sitio
diferente.
No era necesario,
siempre estamos solos,
siempre está a la vista.
No te pedía el alma
por un pacto,
ya no hay pactos,
“es la estrategia del demonio
hacer creer que ya no existe”.
Ya no sé si creer
en las palabras,
es la noche de Tanabata
y no lo sabés,
no leímos los mismos libros.
No sé el lugar
que no conozco,
no hay corazón tan sabio
ni vocación de tenerlo
ni quien indique el camino.
No hay caminos,
es el momento para inventar
liturgias,
construir un gesto,
un filme o un río p
ara los separados eternamente.
Eternamente despidiéndose
de sí mismos.
Reconstruirse en el dolor
es otro dolor:
que lo desee
no hará que exista.
Preparo café,
ya no puedo sentir más frío
por hoy,
por este año.
Todo ha sido
una actuación en el vacío,
algo se quiebra
para instaurar.
En todo viaje, la ausencia
o volver,
se mueve el paisaje.
De todos modos el río
está cegado aquí,
tiene una sola orilla
y cada vez
se es más inteligente.
Quiero decir más triste.
Ahora sé
que está cayendo la noche de Tanabata
como una noche más.


Susana Villalba, de Matar un animal

Mis hambres
me gritaron
que el universo no se calma con gemidos
sino con actos.

Mis actos
me mostraron
que el universo es un oscuro claro andante bosque
donde todo movimiento es cacería.

--
Y a extremas veces

mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,
soy avellave en el cenit
ejerciendo
mi remolino.


AMELIA BIAGIONI



La verdadera cuestión es esta: ¿qué puede un cuerpo? ¿de qué afectos somos capaces? (...)La tristeza, los afectos tristes, son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen más necesidad de anestesiarnos que de reprimirnos, o como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos. Los enfermos, tanto del alma como del cuerpo, no nos dejarán, vampiros que son, mientras que no hayan conseguido contagiarnos su neurosis, su angustia, su querida castración, su resentimiento contra la vida. (...) No es fácil ser libres: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir al cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir al pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia.

...


Aunque bien es cierto que, agentes o pacientes, cuando actuamos o sufrimos, aún nos queda el ser dignos de lo que nos sucede. En eso coincide la moral estoica: no ser inferior al acontecimiento, convertirse en el hijo de sus propios acontecimientos. La herida es algo que yo recibo en mi cuerpo, en un determinado momento, pero también hay una verdad eterna de la herida, como acontecimiento impasible, incorporal: "mi herida existía antes que yo, yo he nacido para encarnarla". Amor fati, querer el acontecimiento, nunca ha sido resignarse, ni mucho menos hacer el payaso o el histrión, sino exraer de nuestas acciones y pasiones esa fulgiración, contraefectuar el acontecimiento, acompañar ese efecto sin cuerpo, esa parte que supera el cumplimiento: la parte inmaculada. Un amor a la vida que puede decir sí a la muerte.
(...)

Así pues, vivimos entre dos peligros: el eterno quejido de nuestro cuerpo, que siempre encuentra un cuerpo acerado para cortarlo, un cuerpo demasiado grueso para penetrarlo y ahogarlo, un cuerpo indigesto para envenenarlo, un mueble para tropezarlo, un microbio para producirle un grano, pero también el histrionismo de los que imitan un acontecimiento puro y lo transforman en fantasma, y alaban la angustia, la finitud y la castración. Hay que lograr erigir entre los hombres y las obras su ser anterior a la amargura. (...)Hacer de un acontecimiento, por pequeño que sea, la cosa más delicada del mundo, justo lo contrario de hacer un drama, o una historia. Amar a los que son así: cuando entran en una habitación, no son personas, caracteres o sujetos, sino una variación atmosférica, una variación de color, una molécula imperceptible, una población discreta, una neblina o una llovizna.


GILLES DELEUZE/ CLAIRE PARNET, Diálogos.




"(...) Cuando el niño era niño, las manzanas y el pan le bastaban de alimento, y todavía es así. Cuando el niño era niño, las bayas le caían en la mano sólo como caen las bayas, y ahora todavía lo hacen. Las nueces frescas le ponían áspera la lengua, y todavía es así. Encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta, y en cada ciudad el anhelo de una ciudad más grande, y siempre es así todavía. En la copa del árbol tiraba de las cerezas con igual deleite como hoy todavía lo sigue haciendo. Se asustaba de los extraños, y todavía se asusta; esperaba las primeras nieves, y todavía las espera. Cuando el niño era niño, lanzó un palo como una lanza contra un árbol, y aún hoy vibra todavía. "

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"Miro ante mí y el mundo se alza ante mis ojos, me llega al corazón. De niña.... sentía deseos de vivir en una isla. Una mujer sola, plenamente sola. Eso es. Vaciada, incompatible.... El vacío.... el miedo.... La mirada de un animalito perdido en el bosque. "¿Quién eres tú?" Ya no lo sé. Pero algo sé: No seré trapecista. Decisiones imprevistas en las que uno cree.... No llorar! No quiero llorar, para nada! Ocurre, así son las cosas.... No siempre sale como uno quiere. El vacío, el vacío. Ya no pensar en nada. Estar aquí. Aquí soy extranjera, pero todo me resulta familiar. En todo caso, no puedo perderme, siempre se llega al muro. Esperaré la foto en el fotomatón: saldrá una con otro rostro, y así podría empezar una historia. Los rostros, tengo ganas de ver rostros. Quizás encuentre un trabajo de camarera. Tengo miedo de esta noche. Qué tontería. La angustia me pone enferma, porque una parte de mí se preocupa y la otra no se lo cree. ¿Cómo debo vivir? Tal vez no sea cómo vivas, sino cómo piensas. Sé tan pocas cosas.... Tal vez sea demasiado curiosa. A menudo pienso de forma equivocada.. porque pienso como si hablara a otro. Dentro de los ojos cerrados, cerrar aún más los ojos.... Entonces, incluso las piedras cobran vida. Será por los colores. Los colores! Los neones en el cielo del atardecer. Los tranvías rojos y amarillos. Sólo tengo que estar lista. Nostalgia. Nostalgia de una ola de amor que creciese en mí. Nunca lo lograré esta noche. Nada de trapecios con luna llena. No es la última vez, la última de todas. Creo que debo parar este sueño. Se acabó el circo. Se acabó. Vuelve a anochecer en mi cabeza. El miedo. El miedo a la muerte. La muerte, por qué no. Lo esencial, a veces: no ser más que hermoso. Mirarse en el espejo.... es mirarse pensar. ¿Qué piensas pues? Pienso que sí tengo derecho a tener miedo pero ya no a hablar de ello. Aún no te has vuelto ciega, el corazón sigue latiendo.... Y ahora lloras! Quisieras llorar como una niña que esta muy triste. ¿Sabes por qué lloras? ¿Por quién? No por mí. Ya no lo sé. Quisiera saber. No sé nada. Tengo un poco de miedo. Ya se fue. Pero volverá. No importa."



Jueves 22 y Viernes 23 de Octubre - 18:30 hs
Casa de la Lectura
Lavalleja 924 – Ciudad de Buenos Aires

Jueves 22
Mesa 1
Celeste Diéguez – Alina Muszak – Juan Salzano – Juana Peralta*

Mesa 2
Daniel Muxica (homenaje) – Marimé Arancet – María Teresa Andruetto – Ana Guillot – Enrique Solinas

Viernes 23
Mesa 1
Vanina Colagiovanni - Matías Moscardi - Adriana Kogan – Mariano Massone

Mesa 2
Carlos Battilana – Rocío Pochettino –Reynaldo Jiménez


*
río abajo va el navío
todo lo que estaba de balde
trapos viejos sucios
el cielo, mustio
Río
Abajo
voy
.
no poder perder de vista el baldío,
descifrando
el gemido de la escota
la tensión en las velas
la cornamusa, impasible
miro a un lado y al otro
crecen ceibos a mansalva
mi mirada hace crecer
matorrales de madreselvas
en flor
.
río abajo va el navío
todo lo que estaba de balde
trapos viejos sucios
el cielo, mustio
Río
Abajo
voy
.
el sol quema la imagen
casi la desaparece
cazar, filar
más vale soltar, derivar
dejar que me lleve el viento
Ballena Azul pero Varada
en los Bajos del Temor
hacer noche ahí
con amor y sin amor
esperar que amanezca o que suba
el sol, la marea me deje
.
río abajo va el navío
todo lo que estaba de balde
trapos viejos sucios
el cielo, mustio
Río
Abajo
voy
.
Flotar
salir del encallamiento
no miento, quiero
Estar
sentir la corriente
acariciándome el casco azul
la quilla, tajando el fondo
enterrada
el barro hasta el cuello
terrome terrome te-zic-te-zac
aterrada-no
de mis pies raíces
se aferran al fondo
camalotes pasan, sueltos,
se burlan
camarote baldío
navío desolado
sin-olas
quieto
la quilla, tajando el fondo
Terrome terrome te-pun-bajá
.
río abajo va el navío
todo lo que estaba de balde
trapos viejos sucios
el cielo, mustio
Río
Abajo
voy
.
el barro hasta el cuello
me acuesto en la cubierta
me entrego
la noche come mi cuerpo
veo estrellas caer
satélites
como yo
.

Diciembre 31, 2001

Y la vida era esto:

salir a la vereda el treinta y uno

a las doce, ver cómo un vecino
enciende una bengala.

El brazo en alto, inmerso en la luz ígnea.

Un silencio rosado y expectante,
un fuego inmóvil el mundo.

¿Celebra? ¿Pide ayuda? Nada pasa.

Nada llega. Todo al final se apaga.
Pero aquel brazo en alto, aquella duda.

Aquella intensidad.


--

Hay una carta tuya al final de la playa
por donde un regimiento de pequeñas tortugas
recién nacidas, con cáscaras blandas como uñas
avanzaría bajo un fuego de gaviotas.

Hay una carta tuya en el umbral de mi puerta,
una palabra buena...¿verdadera?
¿Ir a buscarla? ¿De nuevo verse ser
en otro, y que el ser pueda arrancársele?

¿Pasar de nuevo por donde la vida
adhirió sin fisura al frágil mundo?
¿Cruzar corriendo el cráter? ¿Y qué carga
dejará sin estallar el corazón?

--

Qué extranjero me resulta este sitio, junto a la estación vieja. Todo lo rojo reluce con un resplandor frío, y el amarillo de los taxis se calla y acecha. No espero a nadie, sólo a la tormenta. El saquito de té, por azar, deja marcado un caligrama chino sobre la espuma caliente de mi taza. No sé leer chino. Olvidaré la forma de este signo, que no ha de repetirse.

Beatríz Vignoli





Yo quería grabar un álbum que hablara de caballos
y te pedí que me sacaras una foto para la tapa.
Una foto que haga historia, dije, y vos hiciste ésa
donde yo no era ni hombre ni mujer. Habíamos dormido
demasiado. Me puse aquella ropa que como un uniforme,
en la calle y en escenario. Nada de asistentes,
dijiste, quiero un triángulo de sombras. La luz
ya había muerto entre nosotros. Me pediste que me quitara
el saco porque te gustaba mi camisa blanca
y yo me la puse al hombro, como Sinatra, y lo sostuve
de un extremo para que no se cayera. El álbum
empezaba con esa frase que solía decirte por las noches:
Jesús murió por los pecados de alguien, no por los míos
y la frase que hubiera cabido en boca de mi madre
se mezcló con la canción de una chiquilla suicidándose.

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Sobre el camino, personajes solitarios
instalados del otro lado del muerto ventanal,
vieron Vietnam, vieron Corea, Afganistán.
Presente perpetuo sacudido por el vértigo
de las autopistas. Cierta
improvisación también, como una zapada
entre amigos, emerge y arrastra los lugares
comunes. No hay futuro ni tradición, salvo
aquellas Hojas de Hierba. Todo se funda
a cada instante y coloca en el centro
del mundo su deseo animal
de destrucción.

--

La luz de una estella tardó veinte años
en atravesar el espacio, antes
de estamparse en la placa de Daguerre.
Así y todo, nos ha permitido ver asuntos
más remotos.

Capas infinitas envueltas en películas,
exposición que magnifica detalles hasta que,
liberados de cualquier confinamiento,
reducimos la distancia entre mirar y dejar
que una mano nos toque.

Se trata de un cambio en la experiencia.
Mapas detallados de lo real, para apresar
una verdad, en la que un resto de magia
permanezca.



María Teresa Andruetto, en Sueño Americano